‘Camino a La Meca’, de Athol Fugard: Un dilema universal en la Sudáfrica del ‘apartheid’
La actriz Lola Herrera interpreta con luz propia a una artista excéntrica, en el montaje, dirigido por Claudio Tolcachir, de una tragedia doméstica con aliento trágico escrita por el autor sudafricano


Claudio Tolcachir dirige en el Teatro Bellas Artes de Madrid Camino a La Meca, una obra recia sobre la autonomía en la edad provecta, la fe en uno mismo y el valor de la amistad. Athol Fugard, su autor, fallecido el 8 de marzo pasado, a los 92 años, escribió una treintena de obras que reflejan la segregación implantada por la minoría blanca sobre la población negra en la República de Sudáfrica, entre 1948 y 1991. El régimen del apartheid se inspiró en las leyes de Núremberg redactadas contra la minoría judía por el Partido Nacionalsocialista alemán en 1935, inspiradas a su vez en las leyes Jim Crow, en vigor en el sur de los Estados Unidos entre la década de 1870 y la de 1960, redactadas por los Gobiernos estatales del Partido Demócrata.
Camino a La Meca habla de la libertad humana frente al grupo de pertenencia, en el contexto de Nieu-Bethesda, una aldea sudafricana de una región semidesértica. Helen, su protagonista, anciana de la minoría bóer, de origen holandés, ha perdido el contacto con su comunidad en la medida en la que se ha encontrado consigo misma a través de una vocación artística tardía. Su jardín de esculturas antropomórficas y animales dispuestas mirando a La Meca, confeccionadas por ella con vidrio molido y cemento, tiene desconcertados a sus vecinos. Estamos en 1974, durante el apogeo del apartheid, pero también es el momento germinal de la contestación al régimen: esa Meca anímica hacia la que se orienta la artista, simboliza la búsqueda de la libertad de la mayoría negra.
Fugard, afincado en Nieu-Bethesda, compuso el personaje protagonista inspirándose en Helen Martins, vecina que convirtió su propiedad en un museo: La Casa del Búho. Helen es un alma gemela, en versión profana, de Justo Gallego, labrador contemporáneo suyo que durante décadas levantó a solas con materiales de deshecho una catedral en Mejorada del Campo (Madrid).
El racismo, núcleo temático de Sizwe Banzi ha muerto, dirigida por Peter Brook, y de la mayoría de sus obras, es en Camino a La Meca un telón de fondo en el que también se refleja la dominación de la mujer por el varón. Una doble violencia larvada recorre el texto entre líneas. Fugard plantea un drama doméstico con aliento trágico. La función arranca cuando a la casa de Helen llega su amiga Elsa, treinta años menor que ella, procedente de Ciudad del Cabo: ha conducido 1.280 kilómetros tras recibir una carta suya angustiosa. El tercero en discordia es Marius, ministro de la iglesia y representante de la comunidad afrikáner, interesado en encauzar el trayecto final de la vida de esa hija pródiga que es la artista sobrevenida.
El público encuentra en el dilema de estas mujeres un eco palpitante de su propia experiencia
Tolcachir, autor de la versión, ha encauzado el texto en poco más de noventa minutos. El comienzo de la función resulta un tanto estereotipado: sus protagonistas dicen estar jugando, pero no juegan de veras. Enseguida todo se reajusta y el público encuentra en el dilema de estas mujeres un eco palpitante de su propia experiencia, tal y como lo reflejó la crítica anglosajona en los sucesivos montajes de esta pieza desde su estreno en 1984 (el propio Fugard codirigió su versión fílmica en 1991). Lola Herrera está radiante en la escena climática, donde su manera modélica de llevar el relato aviva la simpatía colectiva que su Helen despierta: durante ese lapso, resultan ejemplares también la escucha de Elsa, encarnada por Natalia Dicenta, y la réplica, a modo de remate, con la que el Marius de Carlos Olalla se desdice de su propósito. Al término del espectáculo, una ovación merecida reconoció el trabajo de la Herrera: el lleno es diario.
Camino a La Meca
Texto: Athol Fugard. Versión y dirección: Claudio Tolcachir.
Reparto: Lola Herrera, Natalia Dicenta y Carlos Olalla.
Teatro Bellas Artes. Madrid. Hasta el 27 de abril. Después en Zaragoza, Bilbao, Granada, Valladolid, Salamanca, Palma de Mallorca…
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.
Sobre la firma
